Mensajes de San José a Clemente Domínguez,
hoy el Papa San Gregorio XVII, Magnísimo

Día 10 de diciembre de 1969
(Fuera de la Finca de las Apariciones de El Palmar de Troya, Utrera, Sevilla, España. El portillo de entrada a la Finca de las Apariciones, llamada La Alcaparrosa, se hallaba cerrado por orden de la autoridad civil. El vidente Clemente Domínguez y Gómez, acompañado de Manuel Alonso Corral y de otros seguidores de las Apariciones, se halló rezando fuera de la finca, próximo al portillo de acceso a la misma. El referido vidente, entró en éxtasis ante la aparición del Patriarca San José en el Sagrado Lugar del Lentisco, que está dentro de la finca. San José se trasladó desde el Lentisco hasta la pared de la carretera, fuera de la finca. Clemente Domínguez tuvo una visión de su futuro Sacerdocio, pues, revestido con los sagrados ornamentos sacerdotales, se dispuso a celebrar la Misa, recitando parte de la misma, tal y como se lo iba indicando San José. El vidente, en éxtasis, dio la bendición. San José bendijo a todos.

Día 19 de marzo de 1970
(Sagrado Lugar del Lentisco de El Palmar de Troya. Se apareció San José a Clemente Domínguez y le dio el siguiente Mensaje:)

San José con el Niño Jesús

«Hijos míos: Vengo como mensajero de Jesús y de María y como Padre de la Iglesia.
Escribe, hijo, para mis seminaristas: QUE SE CONSAGREN A DIOS ÍNTEGRAMENTE, SIN REGATEAR NADA, PRINCIPALMENTE EL CELIBATO, CAMINO DE VERDADERA SANTIDAD. Que sean fieles a la tradición por la que tantos mártires dieron su vida. Que sigan fieles devotos de mi Virginal Esposa, la Inmaculada María. Que se consagren a Ella con toda pureza y llegarán a ser grandes sacerdotes, para extender el Evangelio dignamente. Jesús y María están sufriendo mucho por los seminaristas que no se consagran íntegramente. ¿Cómo van a esperar grandes frutos si no se dan plenamente? Como Padre de la Iglesia que soy, llamo a mis hijos para que no olviden LA MEDIACIÓN UNIVERSAL DE LA MADRE DE DIOS, MI AUGUSTA ESPOSA.
A mis hijos, los Sacerdotes, les pido que recuerden los votos que juraron llevar a la práctica. ESTOY MUY APENADO POR LOS NUEVOS SACERDOTES PARTIDARIOS DE ABOLIR EL SACROSANTO CELIBATO. Quiero Sacerdotes castos, que se entreguen abiertamente a Jesús y María.
A mis hijos, los fieles, les pido que rueguen incesantemente a María para que haya en la Iglesia muchos santos sacerdotes para salvar al mundo. Estoy disgustado con los fieles que se dedican a censurar a los Ministros de Dios; pero no se dignan elevar plegarias a Dios, pidiendo por ellos, sus salvadores. Os bendigo».

Día 25 de octubre de 1970
(Sagrado Lugar del Lentisco de El Palmar de Troya. Apariciones y Mensajes a Clemente Domínguez:)

San José
«Todos participamos de la Realeza de Cristo. El monte de Cristo Rey aquí está, proclamadlo siempre: El Palmar es el monte de Cristo Rey. Aquí sí reina Jesús; con vuestras oraciones habéis contribuido a que reine Jesús y a que reine María, mi dulce Esposa y virginal Madre de Jesús».

Día 1 de abril de 1973
(Sagrado Lugar del Lentisco de El Palmar de Troya. Se celebró el Santo Sacrificio de la Misa por un Sacerdote filipino, que había llegado a Sevilla el 31 de marzo de 1973, para corresponder a la llamada de la Santísima Virgen María para la Semana Santa en El Palmar de Troya. Después de la Santa Misa, se apareció el Glorioso Patriarca San José a Clemente Domínguez y le dio el siguiente Mensaje:)

El Glorioso Patriarca San José

(Dirigiéndose primero al Sacerdote, dijo:) «Hijo mío: Yo, José, el esposo de María, te agradezco esta visita a este Sagrado Lugar, y te agradezco lo mucho que haces para ensalzarme para bien de toda la Iglesia. Como Padre que soy de la Iglesia, estoy contigo en todo momento. Querido hijo: Gracias por este Santo Sacrificio de la Misa que has ofrecido a la Trinidad Augusta, lleno de alabanzas, de honor y gloria. Ha agradado al Padre Celestial. Te bendigo y bendigo a todos».

(Después, dirigiéndose a todos los presentes, mandó que se postraran de rodillas para recibir su bendición, pronunciando este Mensaje:)
«Con humildad y agradecimiento de los dones divinos, reconociendo la grandeza de Dios y la nada del hombre. Desgraciadamente, en estos días, con tantas innovaciones en la Iglesia, muchos fieles no se arrodillan cuando reciben la bendición del Sacerdote, olvidando que el Sacerdote bendice en Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, o sea en Nombre de Dios. Es una pena que todas estas cosas se hayan olvidado. Por eso, en este Lugar, el Cielo está recordando las enseñanzas de la Madre Iglesia, hoy tan menospreciada, tan mutilada y cambiada. Pero la Verdad nunca cambia. Son los hombres los que cambian. Todos vosotros, desde pequeños, habéis sido instruidos en la Verdad». (San José exhorta a los fieles que recuerden las enseñanzas que ha habido siempre en la Iglesia y que se vuelva a la Santa Tradición. Continúa hablando:) «¿Cómo es que ahora ya no tienen valor? ¡Oh, hijitos! Jesús y María están muy tristes, porque en estos días no se presta atención debida a las enseñanzas de la Santa Tradición, que tanto bien hizo a la Iglesia, que tantos Santos se formaron en esas enseñanzas. Hijitos míos: No os apartéis del auténtico camino. Seguid firmes en las enseñanzas que habéis recibido de la Tradición y apartaos de progresismos y confusionismos. Mis queridos hijos: Vosotros, los que habéis leído la vida de los Santos, aprended de ellos y apartaos de los falsos doctores, de falsos profetas y falsos místicos, y conservad íntegra la Santa Tradición. Procurad todos acudir a aquellos lugares donde se conserve íntegra la doctrina sana y apartaos de aquellos lugares donde se enseña la doctrina falsa, ya en la Iglesia, ya en las aulas, ya en lugares que se llaman de Apariciones. Todo lo que se aparte de la autenticidad, apartaos de ello. Y, como Padre de la Iglesia, os bendigo a todos. Los que puedan de rodillas. Procurad acudir a la solemnidad de la Semana Santa a este Sagrado Lugar y extendedlo por todas partes, especialmente en la Festividad de la Resurrección, en la noche del Sábado al Domingo, y en el mismo Domingo. Mas, si es posible en los demás días».

Día 1 de agosto de 1973
(Barcelona. Santuario de San José de la Montaña. Alrededor de las 6 de la tarde, se congregó un buen número de fieles devotos de El Palmar, pertenecientes a los Grupos de Oración de la capital y pueblos. Tras rezar todos, ante la venerada Imagen de San José, el Santo Rosario Penitencial de Padrenuestros, dirigido por Clemente Domínguez, sobre las 6,45 se apareció a Clemente el Patriarca San José, y le dio el siguiente Mensaje:)

El Glorioso Patriarca San José
«Mis queridos hijos: Vengo como Padre de la Iglesia y de todos vosotros. Querido rebaño de Barcelona, Cataluña. Gracias por esta vuestra visita a este Sagrado Lugar. Os comunico a todos vosotros que, por deseos de la Siempre Virgen María, SOY DECLARADO POR LA AUGUSTA TRINIDAD, PROTECTOR ESPECIAL DE BARCELONA Y DE TODA CATALUÑA, especialmente para los días de la gran ofuscación que se aproximan. Queridos hijos: Podéis contar con este vuestro Padre Bondadoso como Protector en todos vuestros peligros; especialmente, en peligros de plagas, de muertes, de epidemias y otros castigos. Yo seré el Protector especial para esa hora. Invocadme con frecuencia para que acuda a socorreros en todo momento.
¡Adelante, mis queridos hijos de Cataluña! RESTABLECED EL CULTO DEBIDO A ESTE VUESTRO PADRE. A éste que, por designio de la Providencia, intercede constantemente ante el Trono de la Inmaculada y ante el Trono del Salvador. Tenéis un poderoso Protector. OS LO ASEGURO QUE MI ESTANDARTE BRILLARÁ EN TODA ESPAÑA COMO EL GUARDIÁN DE LA FE CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA.
Se aproximan días en que el dragón infernal zarandeará y cribará por doquier, en todo momento y lugar. Pero acudid a Mí como abogado vuestro y de seguro Satán perderá fuerzas. Pedid especialmente la castidad, la pureza. ¡Oh, hijitos míos: Limpiad el mundo con vuestro testimonio! PRONTO, MUY PRONTO EN LOS CIELOS DE ESPAÑA SERÉ VISTO COMO EL GUARDIÁN, EL PROTECTOR, EL ÁNGEL DE LA FE Y EL GRAN BATALLADOR. Incrementad vuestras oraciones y penitencias. Sobre todo, rezad con devoción el Santo Rosario Penitencial de Padrenuestros; y esto es potestativo para todos los Cenáculos, tanto de Cataluña, como de toda España y allende las fronteras. Mirad, mirad: Satán arremeterá ahora contra el Rosario Penitencial; y observad cómo la Ira del Eterno Padre ha ido aplacándose, porque tantas veces al día recitáis: Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino…
El que tantas veces al día clama al Eterno Padre, no puede caer en la confusión y en el error. ¿Por qué hay hoy tanta confusión en los Grupos de Oración? Porque se ha ido suprimiendo el Rosario Penitencial. Y al no rezarse, no pueden acogerse a las promesas que hay a aquellos que lo rezan; y, una de ellas es la comprensión de los misterios. ¡Oh, hijitos míos: Apartaos de novedades y seguid la oración penitencial! YO OS PROMETO SOLEMNEMENTE, COMO PADRE DE LA IGLESIA Y DE TODOS VOSOTROS, QUE EN AQUELLAS CASAS QUE TODOS LOS DÍAS SE RECE EL SANTO ROSARIO DE PADRENUESTROS, SENTIRÁN MI PRESENCIA PALPABLE EN MÁS DE UNA OCASIÓN Y SERÁN PROTEGIDOS POR MÍ DE FORMA ESPECIAL. Mi bendición a todos vosotros, a los Grupos de Oración, a España y a todas las Naciones». (Terminado el Mensaje, el Patriarca San José sigue hablando, refiriéndose a Clemente Domínguez y a los que le acompañan en el viaje:)
«Por deseo de mi Augusta Esposa, ha terminado aquí, en este Sagrado Lugar, vuestra misión. No os queda otra cosa que avanzar en carretera rumbo a Italia. Mi bendición paternal a vosotros en este apostolado a realizar. Y en este viaje, Yo también estaré con vosotros; y no os preocupéis por los asientos porque yo quepo en todo lugar».

Biografia del Santissimo Giuseppe di Palmar Coronato, Viceré del Carmelo e Universal Copatron

19 marzo

Il Santissimo Giuseppe fu predestinato da tutta l’eternità, nella Mente Divina, per la più alta dignità della Vergine Padre di Gesù e della Vergine Marito di Maria, e quindi di essere Capo della Sacra Famiglia. I genitori di San Giuseppe erano Giacobbe e Rachele, entrambi della tribù di Giuda e discendenti diretti del re David. Il 18 ottobre 5171, l’Anima Divina di Cristo apparve loro, accompagnata dall’Anima Divina di Maria, e rivelò loro che avrebbero avuto un figlio che avrebbero chiamato Giuseppe, poiché l’Altissimo lo avrebbe esaltato con la dignità di Padre, Marito e Re. La concezione del Beato Giuseppe avvenne il 20 ottobre 5171. Con un privilegio davvero unico, fu concepita con imperfetta grazia giustificativa, in virtù della quale non ereditava la colpa mortale di Adamo o l’abitabilità di Satana che implica, essendo sotto questo aspetto San Giuseppe Irredento. Tuttavia, il Beato Giuseppe si sottomise in parte al divino decreto di Redenzione, nella misura in cui ereditò nella sua anima, quando concepito, la macchia del peccato originale, che è la mancanza dell’abitabilità dello Spirito Santo. A questo proposito, San Giuseppe ha dovuto essere riscattato.

Il Beato Giuseppe, il 20 gennaio 5172, cioè il terzo mese della sua concezione, fu presancificato nell’utero di sua madre dall’Anima Divina di Cristo, attraverso il Sacramento della Triplice Benedizione, lasciando la macchia del peccato originale ricevendo l’abitabilità dello Spirito Santo. Il Bambino Giuseppe, nel momento stesso della sua presanctificazione, fece di Dio il suo voto di perpetua verginità, era sposato con le anime di Cristo e Maria, era pieno di grazia, godeva dell’uso della ragione, della scienza infusa e di altri doni, come quello della visione beatifica, di cui godette per tutta la vita dal momento in cui fu presancificato. Il Bambino Giuseppe si riempì della sua presantificazione di tutte le virtù e grazie, in un tale grado di eccellenza che, dopo la Divina Maria, sorpassa tutti gli angeli e i santi insieme. Questi doni aumentavano continuamente man mano che il suo amore più perfetto per Dio si intensificava, insieme alle sue sofferenze. Il corpo accidentale di San Giuseppe, essendo stato presancificato, raggiunse la sua piena perfezione e una bellezza indescrivibile che dopo Maria sorpassa tutti gli umani. In virtù della grazia dell’impeccabilità ricevuta dal Patriarca più glorioso al momento della sua presanctificazione, San Giuseppe non fu mai in grado di peccare, né mortale né veniale, e fu libero da ogni tipo di imperfezione, sia nella sua anima che nel suo corpo.

San Giuseppe nacque a Betlemme, il 20 luglio 5172. Era l’unico figlio che i suoi genitori Giacobbe e Raquel avevano. L’ottavo giorno della sua nascita, i suoi genitori adempirono il rito legale della circoncisione e gli imposero il Nome di Giuseppe. Quaranta giorni dopo la sua nascita, ebbe luogo il rito legale della Presentazione, nel Tempio di Gerusalemme, del Beato Bambino Giuseppe da parte dei suoi genitori, e quello della purificazione di Rachele, sua madre. Gran parte della vita di San Giuseppe fu trascorsa a Nazaret. Quando San Giuseppe aveva diciotto anni, sua madre e poco dopo anche suo padre morirono. Già orfano, per vivere in povertà volontaria, ha distribuito i suoi beni tra i bisognosi, consegnando una parte della sua eredità al Tempio di Gerusalemme, accanto al quale in seguito ha lavorato come carpentiere, e dove ha vissuto come membro del Terzo Ordine dei Carmelitani, sebbene della sua ereditá decise di tenere la casa che aveva a Nazaret. Quando San Giuseppe arrivò al Tempio, la Beata Vergine Maria vi abitava da sei anni come suora carmelitana. I due non si sono mai visti personalmente fino al giorno del loro matrimonio. La Divina Maria sapeva che il Santissimo Giuseppe era stato scelto da Dio come suo marito, predestinato per Lei da tutta l’eternità, e che era anche vincolato da un voto di perpetua verginità.

Allo stesso modo, San Giuseppe sapeva che la Divina Maria era stata scelta da Dio come sua Sposa, predestinata per lui da tutta l’eternità, e che era anche vincolata da un voto di perpetua verginità. Maria e Giuseppe, sapendo che l’ora dell’Incarnazione della Parola Divina era arrivata per opera e grazia dello Spirito Santo, senza pregiudizio per le loro rispettive verginità, accettarono pienamente la disposizione del Cielo, obbedendo sottomettendosi all’Antico Simeone con dedizione e immolazione indescrivibili delle loro proprie volontà e, allo stesso tempo, con la fiducia assoluta che rimarrebbero sempre vergini, anche all’interno del matrimonio, secondo i loro desideri. La Divina Maria ha rinunciato con grande veemenza e generosità eroica al suo ardente desiderio di rimanere sempre nella vita religiosa. Il matrimonio della Beata Vergine Maria, diciassettenne, e del Beato Giuseppe, ventisei anni, fu nel Tempio di Gerusalemme, il 23 gennaio 5199, e fu alla presenza del Levitico Sommo Sacerdote Simeone. Giorni dopo, i nuovi coniugi partirono per Nazaret. Il 25 marzo dell’anno 5199, l’incarnazione della Parola Divina fu operata nelle interiora più pure della Divina Maria per opera e grazia dello Spirito Santo. Il 30 marzo 5199, il Beato Giuseppe fu con la Beata Vergine Maria in visita a sua cugina Santa Elisabetta. Giorni dopo la nascita di San Giovanni Battista, avvenuta il 24 giugno dello stesso anno, la Beata Vergine Maria e San Giuseppe tornarono a Nazaret.

In quei giorni, l’imperatore Cesare Augusto mandò tutti i soggetti dell’Impero romano a registrarsi e quelli del territorio di Israele andarono a scrivere i loro nomi nella città da cui provenivano i loro antenati. San Giuseppe, poiché proveniva dalla casa e dalla famiglia di David, andò con la Divina Maria da Nazaret alla città di Betlemme, vicino a Gerusalemme. A Betlemme, a mezzanotte, quando entrò la domenica del 25 dicembre dell’anno della creazione 5199, la Divina Maria diede alla luce suo Figlio Gesù in una grotta, perché non trovarono posto in nessuna casa. Otto giorni dopo la Sua Nascita, San Giuseppe circoncise il suo Divino Figlio nella Grotta di Betlemme e gli impose il Nome di Gesù. Quaranta giorni dopo la nascita di Gesù Bambino, la Sacra Famiglia si trasferì da Betlemme al Tempio di Gerusalemme, per soddisfare il requisito della purificazione della Madre e quello della presentazione a Dio del Bambino Gesù, come prescritto dalla Legge di Mosè.

A causa della persecuzione del Re empio Erode il Grande, San Giuseppe, avvertito nei sogni dall’Arcangelo San Gabriele, il 17 febbraio dell’anno 1, andò in Egitto con il Bambino Gesù e sua Madre, dove ci rimasero per poco più di sette anni. Dopo la morte del re Erode, San Giuseppe, avvisato nei sogni dall’Arcangelo San Gabriele, il 30 marzo dell’anno 8, partì con il Bambino Gesù e sua Madre, per la terra di Israele, e andarono a vivere nel città di Nazaret in Galilea. Gesù, a Nazaret, aiutò suo padre San Giuseppe nella falegnameria. Il 19 marzo 5228, il beato Giuseppe, all’età di cinquantacinque anni, morì d’amore tra le braccia di Gesù e Maria, nella città di Gerusalemme, e fu sepolto nella tomba vicino alla valle di Giosafat, dove anni dopo sarebbe stato depositato il corpo dormiente della Divina Maria. La morte di San Giuseppe fu solo quella del suo corpo accidentale, cioè la morte clinica, ed era anche esente da giudizio privato. In pratica, il suo corpo essenziale, essendo essenzialmente glorioso, non poteva morire. Ecco perché, dopo la morte del corpo accidentale di San Giuseppe, il suo corpo essenziale fu immerso in un dolce sonno; e così, unito alla sua Anima, rimase addormentato e insensibile alla gioia beata di essa, e a qualsiasi altra gioia, nel Limbo dei Giusti, fino alla scadenza di Cristo, partecipando da allora e per sempre alla gioia beata dell’anima. Un istante dopo la resurrezione di Nostro Signore Gesù Cristo, il corpo accidentale di San Giuseppe fu resuscitato essendo unito alla sua anima e al suo corpo essenziale, partecipando alla beata gioia dell’anima fino all’Ascensione del Signore; perché in questo giorno, il 5 maggio dell’anno 34 dell’era Cristiana, dopo una Dolce Dormizione, San Giuseppe andò in Paradiso con la sua anima e i suoi corpi. Il corpo accidentale di San Giuseppe dormiva in Cielo, senza partecipare alla gioia beata, fino al momento in cui la Beata Vergine Maria fu assunta in Cielo in Corpo e Anima il 15 agosto 57 dell’era Cristiana.