16 ° Rapporto Sulla Pagina Web Della Santa Chiesa Palmariana

El tiempo va pasando desde que abrimos esta página web y cada vez más vemos cómo el Espíritu Santo va llevando la luz de la Iglesia, Una, Santa, Católica, Apostólica y Palmariana a diferentes pueblos esparcidos por el mundo. En primer lugar, estamos contentos de que el número de visitantes de nuestra página web se ha incrementado en un doce por ciento en marzo de 2020 con respecto al mes de febrero del mismo año. Importante es el número de visitantes que sigue entrando desde España, Brasil y Argentina. De momento Argentina está en primer lugar, España ocupa el segundo puesto y después Brasil el tercer lugar. Como curiosidad cabe mencionar que los visitantes de España se detienen bastante más tiempo mirando los documentos que otros visitantes de Argentina y Brasil. Últimamente en Perú se ha despertado mucho interés por informarse sobre la Iglesia Verdadera de Cristo. Ya subieron hasta la undécima posición. También en las Filipinas los números han crecido considerablemente en las últimas semanas.

He aquí una lista de los treinta países con mayor número de visitas::

1.Argentina11.Perú21.Irlanda
2.España12.Polonia22.Canadá
3.Brasil13.Francia23.Republica Dominicana
4.México14.Reino Unido24.Camerún
5.Estados Unidos15.Congo – Kinshasa25.Rusia
6.Colombia16.Kenia26.Portugal
7.India17.Italia27.Austria
8.Nigeria18.Côte d’Ivoire28.Paraguay
9.Filipinas19.Ecuador29Guatemala
10.Alemania20.Chile30.Suiza

Desde el lanzamiento de la página de Facebook en español e inglés en enero pasado, las visitas diarias en este medio social siguen en aumento. Gracias a Dios y a la Santísima Virgen María, nuestro público se amplió aún más con la nueva incorporación este mes de la página de Facebook en alemán. Mucha gente se enteró por este medio por vez primera de la existencia de la Santa Iglesia Palmariana. Muchos están encantados, pero a otros les sorprende su existencia. Está bien claro que Dios Todopoderoso hará lo que sea necesario para salvaguardar a Su Iglesia. Debido a que la iglesia romana renegó de conservar la Santa Tradición, el Eterno Padre decretó poner a resguardo la tan despreciada Santa Tradición en un insignificante y remoto lugar al sur de España llamado El Palmar de Troya. El Apocalipsis relata este traslado de la siguiente manera:

«El Dragón decidió perseguir furiosamente a la Mujer que había parido al hijo varón. Pero le fueron dadas a la Mujer dos alas de águila grandes para que volase al desierto, al lugar que Dios le había preparado, y en donde es guardada por un tiempo, dos tiempos y medio tiempo, de la presencia de la serpiente infernal». En este pasaje está profundamente representado, el traslado de la Cátedra de la Iglesia desde Roma a El Palmar de Troya, por el Papa San Gregorio XVII Magnísimo; dicho traslado tuvo lugar en el viaje que él hizo en avión el día 9 de agosto de 1978 desde Santa Fe de Bogotá a El Palmar de Troya-Sevilla, España. (El día 6 de agosto de 1978, hallándose el Obispo Padre Fernando en Santa Fe de Bogotá, Colombia, falleció el Papa San Pablo VI. Desde ese mismo día, por disposición de Dios, el Padre Fernando pasó a ocupar la Silla de San Pedro, con el nombre de Gregorio XVII, de Glória Olívæ, pues se apareció Nuestro Señor Jesucristo, acompañado de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y depositó sobre la cabeza del nuevo Papa la Sagrada Tiara, siendo así coronado de manera misteriosa y profunda).

«Entonces la serpiente infernal fue en pos de la Mujer vomitando de su boca ríos de infamia, persecución, confusión, seducción y otras múltiples inmundicias, a fin de arrastrarla en la corriente y acabar con Ella. Mas, la Tierra socorrió a la Mujer; pues, abriendo la Tierra su boca, se sorbió el río que el Dragón había vomitado de la suya. Viendo el Dragón que no podía acabar con la Mujer, para vengarse de Ella, se fue a hacer la guerra contra su descendencia, que son los que guardan los Mandamientos de Dios y dan fiel testimonio de Jesucristo». En este pasaje se simboliza a la Iglesia Palmariana terriblemente perseguida por Satanás y sus huestes. La Tierra simboliza a la Santísima Virgen María que, como Madre, Pastora y Doctora de la Iglesia, pisotea invencible la cabeza de la maldita serpiente infernal. Ésta, viendo que la Iglesia en sí misma es absolutamente indestructible, tomó venganza combatiendo furiosamente contra sus hijos, los fieles.

La Santa Iglesia Palmariana sigue su camino de perfección en el cumplimiento de los Mandamientos de la ley de Dios. Un Mandamiento, el sexto, es: no cometer actos impuros. Hoy día, la música moderna es una de las provocaciones mayores de impureza por sus palabras seductoras, y por este motivo la Santa Iglesia Palmariana enseña lo siguiente sobre la música moderna: El rock y todos sus derivados, etc., es obra del mismísimo Satanás; pues, mediante dicha música, se dan rienda suelta a todas las pasiones bajas del hombre; y se promueve el histerismo, el fanatismo, la drogadicción, el exceso de bebida, y otros muchos desequilibrios psíquicos y físicos. La música moderna es lo más opuesto al verdadero arte musical y es un incentivo infernal de la sensualidad. La música moderna va contra la Infinita Belleza de Dios, contra la Buena Moral y contra el buen gusto artístico; y por tanto, es un grave peligro para el hombre; por lo que está obligado a no cooperar ni dejarse influir por dichas músicas, rechazándolas abiertamente. Peca mortalmente el que posee cintas, discos o cualquier otro medio con estas músicas, y el que las escucha expresamente. Debe tenerse en cuenta, que oír no es escuchar; por lo que se peca, si una vez advertida la música, se escucha con intención. Con esta definición bien clara para quien quiera entender, es lógico que la Iglesia Palmariana prohíba la entrada a discotecas y clubes nocturnos entre otros, para preservar la paz espiritual de las almas. Debido a esta prohibición de música moderna por parte de la Iglesia, mucha gente se escandaliza y nos critica terriblemente. La Iglesia debe tomar las medidas necesarias para proteger la salud de las almas y así mantenerlas bellas y agradables a los ojos de Dios, igual que lo hace un médico para asegurar la salud del cuerpo.

Mirad ahora lo que está sucediendo en el mundo. El Coronavirus COVID-19 es un peligro latente para la salud del cuerpo y las autoridades han cerrado las discotecas y clubes nocturnos entre otros para el bien de la salud del cuerpo. No parece que haya muchas quejas por ello. Está claro que han cerrado prácticamente todos esos lugares para evitar el contagio del peligroso COVID-19. Como el mundo está gobernado en su inmensa mayoría por anticatólicos, no les interesa la salud de alma. Por eso permiten la pornografía y todo tipo de inmoralidades que llevan a las almas a ofender a Dios a través del pecado de lujuria. La lujuria ha traído consecuencias desastrosas a la Iglesia como en los casos de Lutero, Enrique VIII, y muchos otros.

El Coronavirus COVID-19, es claramente un castigo de Dios para erradicar sabiamente muchos males del mundo. Como no se puede salir a la calle para socializar por el peligro de contagio de este malicioso virus, la movilidad de las personas está limitada prácticamente a cuatro paredes las 24 horas del día. Veamos algunos ejemplos de estos cambios de comportamiento humano positivos para la sociedad: Se reduce el gasto de dinero en los bares que siempre ha arruinado a tantas familias. Las discotecas se quedan vacías y el maldito tráfico de drogas, que hace tanto daño a la humanidad, queda limitado. El deporte, convertido en un amuleto endiosado por los medios de comunicación, ha dejado de hipnotizar a la adormecida conciencia humana. De un golpe Dios acabó con todo esto. Además, existen menos distracciones y más moderación en el vivir diario, permitiendo a las personas a cavilar sobre su vida y el estado de su alma. Se temerá con razón por un futuro incierto, que aparentaba ser firme como una roca pocas semanas atrás, y se comenzará a meditar sobre la existencia de Dios y lo fútil de esta vida mundana. Digamos que las personas experimentarán algo así como un «Juicio Universal» en miniatura.

Ni desestabilizadoras revoluciones, ni temibles invasiones, ni guerras sangrientas, ni siquiera la amenaza de un posible ataque nuclear fue lo que cambió radicalmente la vertiginosa rutina mundial en pocos días. A Dios le bastó utilizar algo tan microscópico como un virus para hacernos comprender que la estabilidad mundial que pregonan las naciones poderosas es tan frágil como una pompa de jabón flotando a la deriva.

Sin embargo, todos debemos acudir a la Madre de Dios, la Santísima Virgen María, para que Ella interceda ante el Padre Eterno para que termine pronto este castigo. En las Bodas de Caná fue Ella la que adelantó el primer milagro público de Cristo cuando Él convirtió milagrosamente el agua en vino. La Virgen María es la Reina de los Cielos y el camino más seguro es presentarse humildemente ante Ella para que nos ayude en estos momentos tan difíciles. Ella tiene buenos oídos. Ella escucha atentamente a sus hijos. Tenemos que ir a Ella con confianza. Esto quiere decir que hemos de creer que nuestra Madre Celestial nos ayudará siempre cuando le pidamos algo. Es cierto que la Madre de Dios desea ardientemente ser amada por todos los habitantes de la tierra. Ahora se nos presenta una gran oportunidad: acudir a Ella para remediar esta situación tan terrible que vivimos. También debemos implorar la intercesión del Santísimo José, que será muy efectiva para que esta epidemia mundial acabe lo antes posible. Los que confían en San José lograrán que la Virgen atienda sus peticiones con mayor presteza.

Hay que recordar que Dios prueba a los hombres. Probó a los ángeles, probó a Adán y Eva. Ahora Dios está poniendo a prueba a la humanidad. Mucha gente se está ganando el favor de Dios por su entrega a la caridad. Por ejemplo, los médicos y enfermeros están practicando la caridad y el amor al prójimo al ayudar a tantos infectados. Con una virtud heroica arriesgan su propia vida para ayudar a otros. No hay dudas de que su premio será muy grande en el Cielo. Todas nuestras buenas obras, por mínimas que fuesen serán premiadas por Dios. La policía está cumpliendo con sus obligaciones manteniendo el orden público y el ejército ha ayudado a levantar en tiempo récord hospitales para los enfermos infectados. Todas estas son buenas obras de gran valor y nosotros podemos contribuir también en hacer pequeñas obras buenas obedeciendo a las autoridades, quedándonos en casa y ayudando en los quehaceres del hogar. Ahora tenemos más tiempo para hacer buenas obras para nuestro prójimo sobre todo mediante la oración. Nos ayudaremos entre todos con optimismo y alegría en este momento difícil. No desaprovechemos la oportunidad que Dios nos envía y hagamos tantas obras buenas como podamos, porque como dijo San Juan Bosco: «Haced pronto muchas obras buenas, porque después puede faltaros tiempo para hacerlas».

Para terminar, queremos que en esta cuarentena meditéis sobre la vida eterna y del fin de esta vida terrenal. Muchas veces nos es difícil meditar sobre la eternidad y nos afanamos erróneamente en querer medirla, pero con este pequeño ejercicio mental podéis en parte reparar esta falta de mesura: Vuestra alma es eterna, ya lo sabéis. Llegará el tiempo en que vuestra alma verá el Himalaya y otras montañas altas, convertirse por medios naturales en polvo y desaparecer, y a pesar de esto vuestra alma seguirá existiendo, hasta que surjan otras nuevas montañas y les suceda lo mismo que a las primeras, y una vez más, vuestra alma las verá desaparecer. Debemos despreciar las vanidades de este mundo y afanarnos solamente para salvar nuestra alma y la de nuestro prójimo para la vida eterna. Lo más bello que nos podría pasar sería morir como miembro de la Santa Iglesia Palmariana. Los que pintan mal a la Verdadera Iglesia de Dios sentirán gran vergüenza cuando se encuentren frente al inapelable Tribunal de Dios. Sufrirán esa misma vergüenza los que han tenido la luz y la oportunidad de conocer a la Santa Iglesia Palmariana y no han aprovechado esa gracia a tiempo para convertirse en miembros de Ella. Apúrense sin dilación si aún tenéis encendida la llama de la Fe. No perdéis el tiempo, no os acobardéis. Esa llama podrá extinguirse pronto si no la aviváis con la práctica de la Fe. Nunca se sabe cuándo llega el final de nuestra vida. Confiemos plenamente en la Santísima Virgen María, que está esperando vuestra generosa correspondencia a la suave llamada de Dios para ser Apóstol Mariano de los Últimos Tiempos.